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Las recientes inundaciones en la cuenca del Ebro reabren el debate en torno a las políticas de planificación hidrológica

Entrevista a Guillermo García, Director de MN Consultors y responsable de su Departameto de Ecologia Fluvial, a propósito del debate surgido en torno a las políticas hidrológicas y el modelo territorial de planificación hidráulica a raíz de las inundaciones que han tenido lugar en las últimas semanas en la cuenca del río Ebro:

Ríos y Cauces, un análisis necesario

Diario de Noticias [Suplemento semanal] – Miércoles, 25 de febrero de 2015

Las recientes inundaciones motivadas por la crecida de los ríos, sobre todo el Ega y el Ebro en el caso de Navarra, han vuelto a plantear el debate sobre el estado de los cauces. Existen voces que apuntan a que no se realizan limpiezas en los mismos he incluso algunos aseguran que el lecho de los ríos se ha elevado, de manera que los desbordamientos se producen de manera más fácil. Sin embargo, algunas las opiniones expertas recuerdan que eso no es así y que los ríos siempre se han desbordado.

Por ejemplo, el experto en dinámica fluvial y responsable del departamento de ecología fluvial de la empresa MN Consultores en Ciencias de la Conservación, especialista en este campo, Guillermo García, relata que “los ríos se han desbordado siempre, su funcionamiento ha sido, es y será ese, tienen llanuras de desbordamiento y terrazas laterales que así lo atestiguan”. El canal fluvial, el río propiamente, contiene las aguas ordinarias y, las extraordinarias, las llamadas “crecidas”, trabajan lateralmente y de ahí la presencia de vegas y márgenes fluviales cuya función es, entre otras, disipar el agua. El espacio fluvial queda conformado por el cauce principal y sus canales secundarios e islas, así como por amplios espacios laterales, es decir, las riberas: llanuras, terrazas y otros anejos fluviales. Todo ello conforma un complejo sistema en el que “todas y cada una de estas piezas juegan un papel”. Guillermo García añade que “es lógico que el hombre haya ocupado y quiera ocupar las riberas; ofrecen suelos húmedos y fácil acceso al agua, un relieve amable, y son además tierras extraordinariamente fértiles”. El problema no es la ocupación de las vegas y márgenes fluviales a manos del hombre, que se viene produciendo desde el mismo momento en que el hombre pasó a ser una especie sedentaria, el problema es el nuevo modelo de ocupación que se viene ejercitando en los últimos decenios. En esta línea, el experto señala que “los ríos están muy domesticados. Por ejemplo, el Ebro era un río especialmente dinámico, que cambiaba su trazado con el tiempo, podía desplazarse lateralmente centenares de metros de manera súbita, y esto antes era asumido con cierta normalidad. A principios del siglo XX y hasta mediados hacía desplazamientos muy importantes, que están debidamente documentados y estudiados, de manera que incluso había normas para establecer cómo quedaban los términos municipales en los casos en los que el río era el deslinde entre un municipio y otro. Esto era así y se asumía de modo natural, el río ganaba tierras a un lado y las cedía al otro. Los desbordamientos se asumían como una parte más de la naturaleza y funcionamiento del río”. Esto ha sucedido siempre en las cuencas medias y bajas en las que el río desborda y deposita.

Guillermo García relata que “con el desarrollo infraestructural acontecido a lo largo del siglo XX y dada la mayor capacidad del hombre de intervenir, transformar y moldear el territorio, en la medida que se podía se domesticaba también el espacio fluvial. Eso suponía por un lado establecer puntos de rigidez mediante escolleras, e inhibir localmente los desbordamientos por medio de motas y otras protecciones. Primero fue en los núcleos poblados, donde se percibía más peligro y donde se fijaba y controlaba el río. Y eso tenía un sentido. Pero luego eso se hizo extensivo a las zonas agrícolas”. García añade que “hay un cambio de mentalidad cultural y lo que se quiere ahora es que el río no cambie, no se mueva de sitio, no dé problemas, no desborde, y eso es, sencillamente, inasumible”. Con la ocupación y trasformación del espacio fluvial se han minimizado o inhibido la mayor parte de funciones ecológicas que desempeñaban las riberas, y eso es en sí mismo muy grave, pero además hay una que no puede evitada: que el río desborde. El río seguirá desbordando. La ingeniería hidráulica ha experimentado un desarrollo extraordinario durante los últimos decenios, gracias a lo cual nos ofrece soluciones para controlar las inundaciones localmente, pero a su vez aporta también “los números” (modelos matemáticos) que demuestran que eso puede hacerse puntalmente, pero no en continuo a lo largo de todo el río, no de manera general. La pregunta no es si el río debe o no desbordar, la pregunta es en qué puntos concretos no queremos que desborde. Sí que se puede hacer muy localmente, en pueblos o en el entorno de infraestructuras, por ejemplo, donde hay unos bienes muy concretos a proteger. Pretender hacer eso extensivo a los cientos y cientos de kilómetros del río es un problema porque las crecidas no pueden ser transportadas por el cauce en el tiempo en que dura la crecida. Con respecto a este tema, García añade que “cuando bajan cientos de hectómetros de agua y el río no tiene la capacidad para conducirlos, lo que hace es dispersarlos lateralmente, llena todo el territorio de agua y luego lo va vaciando. Necesita tiempo para hacerlo, pero también espacio. Una crecida funciona de ese modo, como no lo puede bajar todo a la vez, lo deposita lateralmente y luego lo vacía”.

Este especialista señala que “se puede hacer puntualmente, controlarlo, pero si lo haces a lo largo de todo el río es un problema, porque de manera general el agua debe de salir del cauce. No se puede contener en continuo y, cuando se pretende, los efectos de los desbordamientos destructores se multiplican ya que se concentran localmente, el agua sale con más violencia, hace mucho más daño. Se ha llegado a ese sinsentido”. Por el contrario, recuerda que “si desbordase en todas partes, ese efecto sería compartido, solidario, y suave (por desbordamiento lateral progresivo). La sobreprotección causa que algunos sectores se inunden ahora más porque otros están injustificadamente e innecesariamente protegidos”.

Así, añade que “se haga lo que se haga siempre habrá quejas, se va a decir que el río está sucio, que el río desborda y antes no, y no es así, se ha desbordado siempre, lo sabemos, es fácil de estudiar y está documentado.”

Sedimentos

Con respecto a una supuesta subida del lecho de los ríos, cada vez son más los datos y estudios que aseguran que no es así, más bien al contrario. En esta línea, Guillermo García relata que “el río antes movilizaba y trasportaba muchos más sedimentos. Por varios motivos evidentes ha dejado de hacerlo, primero por los embalses, porque en ellos se quedan atrapados gran parte de los sedimentos provenientes de las cuencas altas, no pueden sobrepasar la presa y por tanto ya no circulan aguas abajo. La otra fuente de sedimentos es la erosión de las márgenes del río, hoy día hay cientos de kilómetros de estas que se encuentran protegidas por escolleras y por tanto ya no aportan sedimentos. Por último, las superficies desnudas de la cuenca, las más erosionables, especialmente los suelos agrícolas, se encuentran en retroceso, y este hecho también contribuye a que se movilicen una menor cantidad de sedimentos”. Con respecto a estos, este experto recuerda que “construyen el territorio, el espacio fluvial. Juegan múltiples funciones y son implícitos a la naturaleza y funcionamiento del río. Es un mito más que los ríos se desborden porque hay sedimentos y no sean dragados”.

En este sentido, Guillermo García prosigue relatando que “hoy en día muchos ríos tienen un menor aporte en general de sedimentos. Como consecuencia el lecho de los ríos ha descendido (se han encajonado), el cauce está más bajo. A eso se le llama incisión y está ampliamente documentada en algunos ríos de Navarra o de Cataluña. Es decir, con carácter general los lechos no han ascendido, sino más bien al contrario. Otra cosa es que localmente puedan subir en tramos concretos. Podría ser que en determinados lugares eso sucediera, por ejemplo si hay un azud o alguna estructura similar, pero lo que ha sucedido de manera generalizada es un descenso”. Nuestros abuelos veían un problema en la llegada de grandes cantidades de sedimentos que aumentaban el dinamismo fluvial en una momento en que los ríos trasportaban cantidades muy superiores de estos. Hemos heredado ese discurso pese a que hoy ya no tenga sentido.

Estructuras

Con respecto a las de motas, escolleras y otras protecciones, en opinión de Guillermo García “la planificación territorial tiene que prever que el río tiene que jugar esas funciones y ha de reservar esos espacios, el corredor fluvial. Esto todos los especialistas a nivel científico y técnico lo decimos, pero luchar contra la demanda social y cultural en este sentido es complicado, se cuestiona al ingeniero, al geógrafo, al especialista en definitiva”.

Este experto considera que “las reconstrucciones se han de planificar con una lógica de territorio, es decir, con la lógica del conjunto y no solo con la local. Ver qué actuaciones tendrían sentido, es decir, las que protegen bienes altamente vulnerables, como unas viviendas. Y siempre partiendo de una premisa: La protección hidráulica ha de ser una excepción, no la norma. Lo que sucede es que se han estado construyendo motas y escolleras con una finalidad que no es esa, sino la de proteger cultivos o producciones forestales que son perfectamente compatibles con las inundaciones. Este tipo de estructuras, más que reconstruirse o reforzarse se han de reordenar espacialmente, por ejemplo, situarlas a cierta distancia del río para que éste no inhiba sus funciones naturales. Ciertamente se tiene que hacer una revisión de todo el modelo de planificación actual, especialmente en el Ebro”.

En este sentido, existe un programa piloto en Navarra, que experimenta en un tramo limitado del río lo que podría hacerse para solucionar algunos de estos problemas que debe de afrontar la planificación hidrológica. El Gobierno de Navarra y la empresa pública GANASA, con la financiación europea a través de fondos Life, han impulsado este proyecto (LIFE Territorio Visón), que se ha hecho en Marcilla y que es pionero en este campo. “Ensaya todas estas soluciones”, concluye Guillermo García, en este caso tambien para recuperar hábitat para el visón europeo.

Fecha
Febrero 2015

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